Mario Téllez, Concejal de Vila-seca en Comú

En los últimos días han aparecido en la Platja de la Pineda miles, o seguramente millones, de esferas de plástico diminutas que plagan el litoral marítimo. Tienen un tamaño pequeño, como dos o tres milímetros, y son redondeadas como las lentejas. Por lo que he podido investigar son los denominados “pellets”.

Parece ser que es la materia prima básica que se utiliza en las fábricas de plástico para producir los objetos que vemos y usamos a diario. Se obtienen en las refinerías de petróleo y también tras el proceso del reciclaje. Una vez en las fábricas, se funden y se les da la forma deseada.

Pero, ¿por qué están estos pellets en la playa de la Pineda en cantidades ingentes? Es lo que diferentes plataformas ecologistas y movimientos políticos tratan de esclarecer. Es probable que se escapen durante el tratamiento que se hace de ellas en su procesamiento o en su transporte. Al ser tan redondeadas y pequeñas son de lo más escurridizas y es fácil que acaben donde no deben si no se tratan con cuidado.

Imatge de la Platja de la Pineda plagada de pellets

La Pineda es un núcleo poblacional limítrofe con el Puerto de Tarragona y con el complejo petroquímico, por lo que es más que probable que tengan algo que ver con la invasión de estos objetos artificiales.

Según las organizaciones ecologistas, estas esferas son muy problemáticas. Al ser muy parecidas a las huevas de diversos animales marinos, son ingeridos en cantidades ingentes por peces y resto de fauna marina. A su vez, son plásticos que supuestamente atraen muchas toxinas.

Además de pellets, cuando aparecen en el litoral, hay quien las llama “lágrimas de sirena.” Resulta un nombre muy poético. No es de extrañar que las sirenas lloren al contemplar cómo la humanidad destruye el hábitat marino. Más aún cuando las instituciones hacen como el que ve llover.

Lágrimas de Sirena

La Platja de la Pineda es un lugar puntero a nivel turístico que quiere ser el “Prestige Corner de la Costa Daurada”. Si realmente quiere llegar a serlo, debe tomarse en serio este asunto y depurar responsabilidades. Si no es por la causa ambientalista, que al menos lo sea por no perder comba a nivel turístico. Este año han aparecido a finales de enero. Pero no podemos descartar que aparezcan en julio o agosto. Y a nadie le gusta bañarse en un mar de plástico. Al fin y al cabo, el objetivo es tan bello como poético: conseguir que las sirenas dejen de llorar.

Mario Téllez Molina
Regidor de Vila-seca en Comú
Publicat a Diari de Tarragona