Las tareas de cuidados y el trabajo doméstico son unas labores que, pese a ser completamente necesarias para dotar de bienestar a la sociedad, apenas gozan de reconocimiento. La desigualdad en la distribución de este tipo de trabajo, mayoritariamente no remunerado y en todo caso mal pagado, sigue siendo un gran escollo al que se enfrentan las mujeres tanto en términos económicos como de tiempo.

La desigual distribución del tiempo que hay que dedicar a estas tareas limita enormemente la posibilidad de acceder en igualdad de condiciones al mercado laboral, cosa que dificulta en mayor medida poder labrarse una carrera profesional, adquirir ingresos propios, así como participar en igualdad de condiciones dentro de la esfera pública en comparación con los hombres, tradicionalmente liberados, total o parcialmente, de estos cargos.

Así pues, no es descabellado afirmar que este tipo de tareas deben contabilizarse como una función económica entendiendo que economía, en su acepción más amplia, es la forma o medios de satisfacer las necesidades humanas mediante recursos limitados. Es decir, la manera en que las personas y las sociedades sobreviven, prosperan y funcionan. Cabe pues entender que las actividades propias del cuidado a personas dependientes, así como el trabajo doméstico en su conjunto, no son sólo actividades imprescindibles para dotar de bienestar a la sociedad, sino que también son actividades claves para el desarrollo económico de un país.

Teniendo esto en cuenta cabría preguntarse qué aportación supone el trabajo doméstico y de cuidados no remunerado a la riqueza global de un territorio. En respuesta a ello el estudio “Quantificació del treball domèstic i de cura de persones no remunerat a Catalunya“, de l’Observatori Dona, Empresa i Economia, concluye que contabilizar el trabajo doméstico y de cuidados no remunerado supondría un incremento de cerca del 25% del PIB catalán. Asimismo, el estudio destaca que un 67% del trabajo no remunerado lo realizan mujeres y que, si este trabajo estuviera remunerado, se reduciría significativamente la brecha salarial.

Estudios como este evidencian que el trabajo doméstico no remunerado y de cuidados es un factor estructural de la desigualdad de género. Encargarse de estas tareas implica menos tiempo para el aprendizaje, para el ocio, para la participación social, para insertarse en el mercado laboral o para avanzar en las carreras académicas y profesionales. La ecuación es sencilla: a mayor tiempo destinado a los demás menos tiempo y dinero para disponer en beneficio propio.

Por todo ello, cuando los colectivos feministas han decidido convocar una huelga de cuidados para éste 8 de marzo, además de una huelga laboral de corte tradicional, no lo han hecho por capricho, lo han hecho por necesidad. Por la necesidad de reivindicar que los hombres parasitamos una ingente cantidad de energía y de tiempo que nos viene de perlas para desarrollar nuestra vida pública y profesional. Una huelga para reclamar que los hombres estamos en deuda con nuestras compañeras. Una deuda que hemos adquirido al beneficiarnos de una cantidad de trabajo y tiempo muy superior al que aportamos.

Mario Téllez Molina

Publicat el 5/03/2018 a Diari de Tarragona